África, cambio climático y guerra

 Se publica en el PNAS del 8 de diciembre de 2009 un artículo de Marshall B. Burke et al titulado “Warming increases the risk of civil war in Africa”. El título ya es de por sí muy sugerente.

Los autores han hecho un doble trabajo. Por un lado, han realizado un análisis novedoso sobre la relación entre temperatura y conflictos armados en el África sub-sahariana. Por el otro, han realizado una proyección de futuro de los resultados de este primer análisis, utilizando las predicciones sobre el aumento de temperaturas previsto hasta 2030.

En cuanto a la primera parte, parten del hecho de que la mayoría de estudios a día de hoy establecen una relación entre el patrón de precipitaciones y el de conflictos armados. Esta relación se resume en que la probabilidad de conflicto se incrementa en los años secos, y viene dada por el hecho de que hasta el 50% del PIB y el 90% del empleo de los países de esta región dependen de la agricultura, que a su vez depende de la lluvia. A menos lluvia, más hambre, más pobreza y, por tanto, mayor inestabilidad social y mayor posibilidad de que estallen conflictos armados. Sin embargo, los modelos climáticos para las próximas décadas varían mucho en cuanto a la predicción de las precipitaciones; por tanto, en un esfuerzo para comprender los costes humanos del cambio climático, los autores decidieron estudiar la relación con las temperaturas, en cuya variación los modelos son mucho más unánimes. Además, remarcan el hecho de que hay estudios recientes que han explicado el papel en particular de las temperaturas en la variación de los rendimientos de la agricultura y el desarrollo económico en África, más allá del papel de las precipitaciones. La temperatura influye en las cosechas en dos sentidos: a través de la evapotranspiración y por la aceleración de la maduración, factores ambos que contribuyen a un descenso de la productividad (entre un 10 y un 30% de descenso por cada grado de aumento de temperatura).

En este primer análisis se cruzan la variación climática por países y la incidencia de guerra civil (definida como enfrentamiento armado con más de 1.000 bajas, en los cuales uno de los bandos fue el gobierno) entre los años 1981 y 2002. El análisis estadístico ofrece un resultado preocupante: un incremento de 1ºC en la temperatura representó un incremento relativo del 49% en la incidencia de guerra civil. Además, han encontrado que el modelo es robusto cuando se incluyen variables como efectos retrasados del clima (es decir, la posibilidad que las condiciones climáticas de un año afecten a la estabilidad social de los años siguientes), la riqueza de las naciones o su grado de democratización. La cadena de razonamiento, ahora apoyada en evidencia empírica, es sencilla y similar a la de las lluvias: a mayores temperaturas, peores cosechas; a peores cosechas, aumento de las catástrofes económicas en la mayoría de hogares; a mayor inestabilidad económica, mayor inestabilidad social y, por tanto, mayor incidencia de conflictos armados. Si alguien se estaba preguntando a quién beneficia el cambio climático, ahora tenemos una respuesta clara: a los fabricantes de armas.

La segunda parte del análisis consistió en introducir en este modelo los datos de variación de las temperaturas previstos para las próximas décadas, unos datos relativamente uniformes en los diferentes modelos. Dado que estos modelos auguran un aumento de temperaturas, y sabiendo cómo influye la temperatura en las cosechas, la conclusión es fácil: en las próximas décadas habrá un aumento de los conflictos en África. Los autores calculan unas 393.000 bajas extra en combate debidas al aumento de las temperaturas, además de todas las muertes no directamente relacionadas con los combates pero sí con las guerras (aunque insisten en que estas cifras son una proyección, no una predicción, ya que han utilizado una variación lineal de las temperaturas y considerado que las guerras causarán la misma mortalidad que hoy en día). Este aumento de la violencia, para colmo, contrarrestaría los efectos previstos del crecimiento económico y la democratización de la región, aunque los autores son cautos en este punto porque ambos factores están tan íntimamente ligados a la guerra que pueden darse efectos no calculados.

New Scientist hace una reseña sobre este artículo, en que recoge algunas críticas a los resultados propuestos por Burke et al. Destaca de la de un investigador llamado Cullen Hendrix, que remarca que en los años en los que los investigadores han basado su análisis fueron especialmente turbulentos por las dinámicas políticas del fin de la guerra fría, es decir, que fueron años especialmente sangrientos debidos al reparto de pasteles y a la reorganización política de la región y que eso puede sesgar el modelo a la alta. Sin embargo, en pleno estallido de la globalización y en un mundo ávido de los recursos naturales del continente africano, tal vez cabe pensar el modelo esté desviado a la baja. Todos estos resultados simplemente apoyan con evidencia empírica algo que no deja de comentarse: el precio que tendrá para la humanidad el cambio climático . Como decía Paul Ehrlich en una reciente entrevista en La Vanguardia: “Si un día la humanidad se extingue, las mariposas seguirán volando”. Dado la vuelta, es uno de los argumentos que exhiben los escépticos del cambio climático, cosas como “Esto ya ha pasado antes y el planeta sigue aquí”. Claro, el planeta sigue aquí, pero antes no estábamos nosotros, ni ninguna otra especie había supuesto un impacto tan acusado y en un tiempo tan breve como el que estamos provocando nosotros… pero esto es irrelevante frente a lo que estábamos hablando. A lo que íbamos es que una de las especies peor paradas, junto con los corales y los osos polares, vamos a ser los humanos. El artículo de Burke et al pone el dedo en la llaga: 2ºC de aumento de temperatura y África se volverá loca.

Es de imaginar que este aumento de los conflictos armados por debajo del Sáhara, aunque favorecerá a los pescadores de río revuelto, tendrá repercusiones en todo el mundo (sin contar con que África no será el único lugar donde suceda esto..). Europa observa impertérrita como miles de personas se dejan la vida para alcanzar un sueño que pronto les traiciona …¿podrán nuestras vallas y nuestras leyes proteccionistas detener por más tiempo a gente que huye de la muerte? ¿cuáles son las compensaciones que tiene planeado el mundo “desarrollado” para un niño cuya madre es violada y mutilada por una turba de soldados  sin comida y sin perspectivas? Pero me estoy yendo por las ramas; lo que quería decir es que, en la escala geológica o en el tiempo en que se mueve el universo, nuestra desaparición es irrelevante. Sin embargo, lo que no es irrelevante para nosotros es la cantidad de sufrimiento que puede desplegarse antes de que desaparezcamos para siempre y dejemos el planeta en paz. Y todo esto, por tener un coche más grande cada año… da pa’pensar!!

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