¿Qué es la Muerte? Una visión científica


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Epicuro ya lo resumió: Mientras vivimos, no hay Muerte; cuando llega la Muerte, ya no vivimos. En palabras simples, la Muerte es el fin de la Vida: es el evento mediante el cual un organismo vivo deja de estar vivo. Esta es una de sus características definitorias: la Muerte es algo que sólo le puede suceder a una entidad que tiene Vida (aunque a veces usamos los conceptos de Vida y Muerte de forma metafórica, como cuando decimos que alguien ha sufrido una Muerte social). La podemos considerar como lo opuesto al nacimiento y como el último suceso de la Vida. Como dijo Andrew Greeley: “Nacemos con dos enfermedades incurables: una es la Vida, de la cual morimos, y la otra es la esperanza, que nos dice que tal vez la Muerte no sea el final”

La Muerte se produce cuando un organismo es incapaz de mantener el equilibrio estable de sus procesos fisiológicos, es decir, cuando ya no puede seguir manteniendo en marcha los procesos de la Vida. Otra de las características claves de la Muerte es que es irreversible: por definición, un organismo muerto no puede ser devuelto a la Vida. Podemos pensar que la Vida es como un huevo y la Muerte viene a ser cuando este huevo se rompe: será imposible reconstruirlo y mucho más que se reconstruya por si mismo.

Pero pensad también que la Vida no podría existir sin la Muerte: por ejemplo, las células de nuestro cuerpo están constantemente muriendo, sólo para ser reemplazadas por otras nuevas, lo cual nos permite mantener nuestros órganos en forma. ¿Y qué pasaría si de repente nadie muriese pero siguiesen naciendo nuevas personas? En poco tiempo seríamos demasiados para poder sobrevivir. Se estima que a lo largo de la historia del Homo sapiens el número de nacidos ha sido unos 110.000 millones de personas… ¿os imagináis que todas ellas siguieran vivas?

Si lo llevamos a nuestro campo, es decir, a los seres humanos, podemos definir la Muerte como el cese de las funciones corporales y mentales, produciéndose una pérdida irreversible de la consciencia. Es decir, cuando morimos la esencia que nos define como un ser vivo e individual desaparece. A lo largo de la historia ha habido diferentes formas de establecer si una persona estaba muerta o viva, dependiendo de los medios técnicos disponibles. Cuando cesan la respiración y el latido del corazón tenemos lo que se denomina Muerte clínica, pero ya hace años que se puede conseguir recuperar estas funciones. Hoy en día, para considerar que una persona está muerta hay que comprobar que ha cesado por completo la actiVidad de todo su cerebro, además de la respiración y el flujo sanguíneo; esta comprobación se efectúa mediante un Electroencefalograma (EEG), una técnica que permite registrar hasta la más mínima actiVidad del cerebro. Se considera que una persona está muerta cuando se produce el cese irreversible de todo el encéfalo (cerebro+tronco encefálico, que controla los procesos básicos como la respiración).

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