Los orígenes de la desigualdad social

Aparecen en el Science del 30 de octubre un artículo de Perspectives y otro de investigación que hablan de los orígenes de la desigualdad social, es decir, la aparición en las sociedades humanas de las diferencias económicas y de las jerarquías sociales. Dada la importancia que la desigualdad social juega en el mundo, creo que merece la pena hacer un pequeño análisis.

En el artículo de investigación  (Borgerhoff Mulder et al) se intentan explicar las diferencias en el reparto de la riqueza en 4 tipos de sociedades (cazadores-recolectores, horticultores, pastores y agricultores). Para ello, han analizado – en 21 sociedades históricas y contemporáneas- el grado de transmisión intergeneracional de tres tipos de riqueza: material (tierras, ganado y útiles), incorporada (rasgos genéticos y culturales) y relacional (lazos sociales en redes de cooperación). Entre sus conclusiones, destacan que las sociedades de pastores y de agricultores a pequeña escala, las diferencias de riqueza son equiparables (de hecho, mayores) a aquellas sociedades modernas con mayores diferencias económicas (p.ej. EEUU e Italia), pero que en las sociedades de horticultores y cazadores-recolectores estas diferencias son comparables a las sociedades modernas más igualitarias (p.ej. Dinamarca, Suecia y Noruega). Explican que estas diferencias son posiblemente debidas a que en las sociedades de agricultores y pastores la riqueza material es más importante que en las otras sociedades y a su vez la riqueza material es más fácilmente transmisible y crea mayores diferencias que los otros tipos de riqueza. Sin embargo, hay excepciones, como aquellas sociedades de cazadores-recolectores donde los recursos (p.ej. ricos caladeros de pesca) son fácilmente defendibles por una familia o un clan, aquellas sociedades donde el conocimiento (p.ej, conocimiento ritual) es transmitido (y custodiado) de padres a hijos o aquellas donde hay una redistribución social de la riqueza. Aventuran que el actual giro de las sociedades industrializadas hacia una economía basada en el conocimiento podría llevar asociada una reducción de la transmisión de riqueza material entre generaciones, contribuyendo así a reducir las desigualdades sociales. La conclusión más importante del artículo es que todo esto depende, en gran medida, de las instituciones que regulen esta transmisión de la riqueza.

El artículo de opinión va más allá. Comienza con una reflexión importante: las desigualdades económicas no están sólo determinadas por los ingresos de la generación actual, si no por la riqueza heredada de generaciones anteriores. Es decir, cuanta más riqueza se pueda heredar, mayor serán las desigualdades que podemos esperar. Por tanto, comienza resaltando las conclusiones del otro artículo: la importancia de la naturaleza de la riqueza y de las instituciones que regulan la herencia de dicha riqueza en la aparición de la desigualdad social. En este sentido, el término “institución” debe ser entendido como una forma de organización social con capacidad de tomar decisiones por el conjunto de esa sociedad.

El análisis continúa más allá: si las instituciones juegan un papel fundamental en el origen de la desigualdad… ¿cuál es el origen de estas instituciones? ¿deben su aparición a los modos de producción de cada una de estas sociedades o a otros factores? Hasta ahora, el paradigma dominante es que la aparición de la agricultura (la llamada Revolución Neolítica, un cambio tecnológico propiciado por una coincidencia de varias condiciones ambientales) posibilitó la división del trabajo y, por tanto, la aparición de diferencias sociales y de instituciones que aseguraran la propiedad de los bienes. Por tanto, las diferencias en la organización social tendrían su origen en las tecnologías de producción. En cambio, el artículo de Borgerhoff Mulder et al abre las vías de una nueva hipótesis: que las innovaciones institucionales precedieran y facilitaran la aparición de la agricultura y, por tanto, de sociedades más complejas. Los hallazgos del yacimiento de Göbekli Tepe, en Turquía,  parecen apoyar esta hipótesis, ya que se trata de lo que parece un monumental lugar de culto (cuya construcción requiere de esfuerzos y recursos de grandes grupos de personas y, por tanto, instituciones para coordinarlos) que fue levantado por una sociedad de cazadores recolectores. Básicamente, se le da la vuelta al paradigma y esta nueva hipótesis encaja con lo que podemos observar en el mundo contemporáneo: las instituciones, en su compleja interrelación con el desarrollo tecnológico, moldean las sociedades y, en consecuencia, las desigualdades económicas dentro de las mismas. Otro punto a tener en cuenta es que, aunque tradicionalmente se ha considerado que el sedentarismo fue una consecuencia de la agricultura, bien podría ser al revés: que el hecho de tener una sociedad sedentaria condujese a la aparición de la agricultura. A su vez, el sedentarismo podría ser la consecuencia de la aparición de nuevas formas de organización social, es decir, de la aparición de ciertas instituciones. Esta hipótesis, además de apoyarse en hallazgos como los de Göbekli Tepe o Abu Hureyra tiene una cierta lógica. Podemos imaginar la siguiente escena histórica: una sociedad (p.ej. un clan de cazadores) con una cierta estructura social y, por tanto, con unas ciertas instituciones, cambia su modo de vida de nómada a sedentario (p.ej. para fundar un centro de intercambio de mercancías, crear una sede para su gobierno o con el objetivo de construir un templo a sus dioses). Al cabo de un tiempo, los recursos naturales de los que depende una sociedad de cazadores-recolectores se vuelven insuficientes o, sencillamente, se agotan. Si las condiciones son las correctas, el paso más lógico es pasar a convertirse en ganaderos y agricultores. Este paso ya estaría dentro de una estructura que genera, por definición, desigualdades dentro de la sociedad; estas desigualdades, en la transición de una “economía” basada en el conocimiento (de habilidades, de sitios de caza, de técnicas…) a una economía basada en los bienes materiales (cultivos y ganado) pueden verse acentuadas o no, dependiendo de la naturaleza de las instituciones y de cómo se manejen las desigualdades sociales.

Está claro que la organización social y las instituciones que de ella se derivan son claves en la aparición de las desigualdades en la sociedad. Por ejemplo, muchas de las desigualdades sociales que se pueden observar en los países americanos tienen su base, entre otras cosas, en el hecho de que a esclavos o indígenas no se les permitiera tener posesiones o, de tenerlas, pasárselas a sus descendientes, favoreciendo de facto la predominancia de los segmentos blancos o criollos de estas sociedades que se mantiene hasta el día de hoy. Pero las investigaciones en este sentido están destapando un nuevo hilo: la hipótesis de que estas instituciones propiciaran el paso de las culturas nómadas a las sedentarias y, por tanto, el paso de sociedades de cazadores-recolectores a sociedades de agricultores y ganaderos, forzando el desarrollo tecnológico. A su vez, esta transición amplificaría las desigualdades ya existentes (al pasar a un tipo de riqueza más material), al tiempo que daría lugar a la aparición de nuevas instituciones, recomenzando el proceso de transformación de la sociedad.

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